Super (2010) – citas y diálogos de la película

Super (2010) - citas y diálogos de la película

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Dios, por favor guíame. Dime qué hacer. Te odio, Dios. Siento haber dicho eso. Es sólo que se me hace muy injusto, Dios. Otra gente tiene bendiciones. Tienen cosas buenas. Tienen amor y ternura, gente que se preocupa por sus vidas. No los humillan a cada momento. Otra gente tiene cosas, Dios. Hasta los niños hambrientos de África, hasta sus padres los aman. ¿Por qué tuve la mala suerte de que mi alma naciera en este asqueroso yo con esta cara fea, este cabello que no se puede peinar, y esta personalidad tonta e idiota? La gente se me queda viendo, Dios. Me doy cuenta. Se sorprenden de cómo algo tan estúpido e idiota puede siquiera existir. ¿Por qué soy así? Por favor, Dios. Sólo quiero una cosa. Te pido una sola cosa. Nunca te volveré a pedir nada otra vez. Por favor. Deja que Sarah sea mi Sarah otra vez. Amén.


Escucha: “No soy diferente que tú o nadie más, Santo. Lo único que se necesita para ser superhéroe es elegir pelear contra el mal”.


Tal vez no podía lanzar rayos de mis ojos o volar pero el dedo de Dios me había tocado. ¿Y quién sabe qué tipo de poderes le da eso a una persona? Jock se había robado a Sarah lanzándome a la profundidad del mismo infierno. Pero en esa profundidad me convertí en mí mismo, por primera vez en mi vida. Encontré mi piel.


– Estoy buscando libros de historietas de superhéroes sin poderes.

– ¿Superhéroes sin poderes?

– Sí, tienen que usar armas para defenderse o algo así.

– Muy bien, sí. Batman. Batarang, bombas de tubos, cinturón de herramientas.

– ¿Cinturón de herramientas?

– Flecha Verde tiene arco y flecha.

– Bien.

– Capitán América tiene un escudo.

– Escudo…

– ¡No, espera, espera! No, él tiene poderes. Tiene poderes. Por Dios. Perdón, es que es un súper soldado.

– Bien.

– No tomes ese.

– Bien.

– Gatúbela tiene un látigo. También está el Hombre de Hierro. El Hombre de Hierro no tiene súper poderes en realidad pero usa un traje con súper poderes. ¿Eso cuenta?

– Creo que ya tengo suficientes.

– Por poco y no te digo, pero sí lo hice. Soy una tarada. ¿Para qué los necesitas?

– Investigación.

– Estoy inventando mi propio superhéroe y necesita un arma.


Dios ¿de verdad me llamaste a ser El Rayo Colorado o sólo fue mi imaginación? No quiero ir a prisión ni que me violen, trabajar en la biblioteca empujando esos carros repartiendo revistas por el resto de mi vida. ¿Qué la violencia no está en contra de la Biblia? Dios, por favor…Dame una señal de que debo continuar siendo El Rayo Colorado. O si debo simplemente tirarlo todo antes de que sea muy tarde. Incluso me entregaré yo mismo, si es lo que quieres que haga. Pero por favor, no quieras que yo haga eso. ¿Dijiste que lo tirara todo o sólo soy yo que lo estuve pensando todo el tiempo? Está bien, lo voy a tirar todo. Si no quieres que lo haga, por favor dame una señal. Tal vez podrías hacer que algo flote. Bien.


– Esta es la pistola que el Demonio usó para esparcir su polvo de lujuria en la escuela el mismo polvo de lujuria que causó que tú y Jimmy se vistieran en esa ropa tan provocativa y que bajaran esas imágenes porno en la computadora.

– Soy tan tonta. El sexo es un acto sagrado que sólo debe llevase a cabo dentro del amor del matrimonio.

– No cabe duda.

– Debo estar orgulloso de mi virginidad. Voy a hacer que me quiten estos anillos de los pezones mañana. Y pensar que me perdí el partido de hockey porque Jim y yo nos estábamos manoseando. Gracias al cielo que no hicimos nada más.

– Si tan sólo ustedes dos hubieran tenido coito premarital entonces yo hubiera ganado y ustedes estarían condenados al infierno por siempre.

– Batman tenía a Robin. La Antorcha Humana original tenía a Toro. Flash tenía a Kid Flash. Yo podría ser tu compañera.

– ¿Cuántos años tienes?

– Pues tengo 22. Pero comparada contigo, soy una niña, ¿cierto?

– Supongo que sí.

– Pero en este momento, lo más importante, obviamente, es el nombre. Tienes que pensar en cómo suena junto al Rayo Colorado. ¿Listo? Entonces…Bien. El Rayo Colorado y la Chica Rayo. El Rayo Colorado y la Niña Colorada. El Rayo Colorado y La Bam Cautelosa.

– ¿Qué es una bam cautelosa?

– ¿Qué es un toro? ¿Qué diablos es un robin?

– Un robin es un pájaro.

– ¿Por qué le pusieron el nombre de un pájaro?

– Porque él…  es leal.

– Frank, La Bam Cautelosa es simplemente una frase fantástica, ¿no crees? No te lo quise decir antes, pero es mi favorita.

– Es muy bueno.

– Estás mintiendo.

– No necesito una compañera.

– ¿Estás bromeando?

– No.

– Mira lo que te pasa si no tienes una compañera. La gente te dispara. Frank, si haces equipo conmigo te juro por Dios que acabaremos con esos malditos que se robaron a tu esposa.

– ¿Frank?

– ¿Sí?

– ¿Estás listo?

– Sí.

– Te presento a ¡Rayita!


– ¿Mi abuela o un cadáver? Así es, ¿cuál preferirías cogerte? ¿Si alguien te apuntara con una pistola y tuvieras que elegir?

– ¿Quién haría eso?

– Ese no es el punto. Por ejemplo, yo elegiría a mi abuela porque por lo menos tiene una vagina que funciona.


– Frank. Mira, sé que no puedes besarme. Pero, ¿puede el Rayo Colorado besar a Rayita?

– ¿Qué?

– El Rayo Colorado no está casado con Sarah; ese es Frank. ¿Cierto?

– No, Libby.

– Vamos.

– Basta, Libby.

– Frank, desde que te quedaste aquí no he podido hacerlo con ningún otro chico.

– No.

– ¿Y cuándo fue la última vez qué tú hiciste algo? Vamos, sólo esta vez, Frank.

– No.

– Sé que te gusta cómo me veo en mi disfraz. Me doy cuenta. No seas mentiroso, Frank. Por Dios, Frank. Sólo mira, mira por un segundo.

– No.

– Frank, vamos.

– Libby, ¿qué estás…? Tú eres…

– ¿Qué estás haciendo?

– No, ponte esto. Basta.

– ¡Bájate de mí!

– Ponte esto sólo un segundo.

– No.

– Sólo un segundo, Frank.

– ¡No!

– Sólo un segundo.

– ¡No! ¿Qué estás haciendo? No.

– ¡Adentro!

– No.

– Sí. Déjame ver tu máscara. Me encanta cómo te ves con tu máscara. Carajo. ¡Me voy a venir!


– ¿De verdad crees que con matarme apuñalándome, va a cambiar el mundo?

– No lo puedo saber a ciencia cierta a menos que lo intente.